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| ÁREA RECREATIVA PUMARES |
En esta ocasión pusimos rumbo al occidente asturiano para disfrutar de una ruta en el concejo de Oscos. Como es habitual en nuestras salidas, hicimos una primera parada para desayunar en Villapedre (Navia), momento perfecto para ir despertando el cuerpo y comenzar a comentar la jornada que nos esperaba.
De nuevo en el autobús continuamos el viaje hasta Santa Eulalia de Oscos, donde nos dirigimos al área recreativa de Pumares, punto de inicio de la caminata. Pumares es un pueblo pequeño, de arquitectura tradicional de la zona, muy bonito y bien cuidado, situado junto al río Agüeria, que ya desde el principio nos acompañó con su agradable sonido.
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| RÍO AGÜERIA |
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| PUMARES |
A los pocos minutos de iniciar la ruta pasamos junto a un elemento curioso del patrimonio tradicional del pueblo: la antigua muela del molino, utilizada en su día para moler el grano. Junto a ella hay un cartel informativo que explica su historia y recuerda la importancia que tuvieron los molinos hidráulicos en la vida cotidiana de estos pueblos, aprovechando la fuerza del agua para transformar el grano en harina.
Mientras avanzábamos por el sendero comenzamos a disfrutar del paisaje primaveral que empieza a despertar: cerezos y pescales en flor adornaban el recorrido, aportando color al valle y haciendo el paseo aún más agradable.
A lo largo del recorrido también tuvimos que sortear algunos pequeños obstáculos, ya que en varios puntos del sendero nos encontramos con árboles caídos atravesados en medio del camino. Nada que no se pudiera superar con un poco de ayuda entre compañeros.
Continuamos nuestro agradable paseo y más adelante atravesamos Ancadeira, un antiguo pueblo hoy abandonado donde todavía se conservan numerosas cabañas de piedra, muchas de ellas ya en ruinas. En ese lugar se respira un aire especial, está como detenido en el tiempo e invita a imaginar cómo sería la vida allí hace décadas.
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| ANCADEIRA |
"Cuenta la leyenda que un Señor de Santa Eulalia de los Oscos y su criado se retrasaron después de un largo día de caza y por eso llegaban tarde a la misa. Sin querer perderse la celebración, el Señor le pidió a su criado que se adelantara y le pidiese al cura que retrasara el comienzo hasta su llegada. Pero cuando el Señor llegó, vio que todo el concejo ya estaba marchando y que la liturgia se había celebrado sin él. Enfadado, ordenó a su criado que matase al párroco a cambio de mantenerlo a él con vida.
Sin encontrar alternativa, cometió el crimen, para darse cuenta de que poco después sería su mismo amo quien lo delataría ante el pueblo. Su condena fue la horca, pero en el momento de su final no hubo manos suficientes para alzarla y llevar a cabo la ejecución. Así que su sentencia cambió, y fue desterrado allí donde no oyera ‘carro rinchar’ (carro chirriar), ‘galo cantar’ (gallo cantar) o ‘campa soar’ (campana sonar). Y como en aquel entonces poca gente se atrevía a pasar los límites de Ancadeira, allí lo destinaron, donde vagó desterrado por el resto de sus días, dando nombre al Valle."
Tras el descanso continuamos el camino hasta llegar al objetivo principal de la jornada: la cascada de Seimeira. El sendero nos llevó hasta la parte baja de la cascada, desde donde pudimos contemplar la espectacular caída del agua.
Algunos compañeros decidieron subir un poco hasta una zona un poco más elevada para verla más de cerca y desde otra perspectiva, mientras otros prefirieron disfrutarla tranquilamente desde la parte inferior. En cualquier caso, la cascada, rodeada de vegetación y con el sonido constante del agua, resultó ser uno de los grandes atractivos de la jornada.
Después de disfrutar del lugar y hacer las correspondientes fotos, iniciamos el regreso por el mismo camino hasta el área recreativa, donde ya nos esperaba el autobús. Allí aprovechamos para cambiarnos de calzado y refrescarnos un poco antes de dirigirnos a la comida.
La comida tuvo lugar en Santalla de Oscos, donde el grupo se repartió entre dos restaurantes: Casa Diego y el Hotel Restaurante Casa Pedro. Fue un momento perfecto para relajarse, disfrutar de los potajes y alargar la sobremesa entre conversaciones, risas y algún brindis por el grupo Pisasenderos y por las muchas rutas que aún nos quedan por compartir.
Tras la comida aprovechamos para hacer la foto de grupo delante del Ayuntamiento de Santalla, y tampoco faltaron las ya clásicas fotos con la curiosa vaca motorista que hay en el aparcamiento del pueblo, y que tanto juego da a todos los visitantes del mismo.
Con el día llegando a su fin emprendimos el regreso a casa.
En definitiva, fue una ruta algo más sencilla de lo que estamos acostumbrados, sin repechos destacables, pero muy agradable. Un recorrido precioso en el que destacó el intenso verdor del paisaje, el sonido constante del río acompañándonos durante gran parte del camino y, por supuesto, la espectacular cascada de Seimeira. Todo ello con un día magnífico y una temperatura ideal para caminar.
Para ver la descripción de la ruta AQUÍ
¡Hasta la próxima aventura!
Video:




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