miércoles, 1 de abril de 2026

RUTA A LA CASCADA DE SEIMEIRA

ÁREA RECREATIVA PUMARES

 En esta ocasión pusimos rumbo al occidente asturiano para disfrutar de una ruta en el concejo de Oscos. Como es habitual en nuestras salidas, hicimos una primera parada para desayunar en Villapedre (Navia), momento perfecto para ir despertando el cuerpo y comenzar a comentar la jornada que nos esperaba.

De nuevo en el autobús continuamos el viaje hasta Santa Eulalia de Oscos, donde nos dirigimos al área recreativa de Pumares, punto de inicio de la caminata. Pumares es un pueblo pequeño, de arquitectura tradicional de la zona, muy bonito y bien cuidado, situado junto al río Agüeria, que ya desde el principio nos acompañó con su agradable sonido.

RÍO AGÜERIA
PUMARES

A los pocos minutos de iniciar la ruta pasamos junto a un elemento curioso del patrimonio tradicional del pueblo: la antigua muela del molino, utilizada en su día para moler el grano. Junto a ella hay un cartel informativo que explica su historia y recuerda la importancia que tuvieron los molinos hidráulicos en la vida cotidiana de estos pueblos, aprovechando la fuerza del agua para transformar el grano en harina.

Mientras avanzábamos por el sendero comenzamos a disfrutar del paisaje primaveral que empieza a despertar: cerezos y pescales en flor adornaban el recorrido, aportando color al valle y haciendo el paseo aún más agradable.


A lo largo del recorrido también tuvimos que sortear algunos pequeños obstáculos, ya que en varios puntos del sendero nos encontramos con árboles caídos atravesados en medio del camino. Nada que no se pudiera superar con un poco de ayuda entre compañeros.



Continuamos nuestro agradable paseo y más adelante atravesamos  Ancadeira, un antiguo pueblo hoy abandonado donde todavía se conservan numerosas cabañas de piedra, muchas de ellas ya en ruinas. En ese lugar se respira un aire especial, está como detenido en el tiempo e invita a imaginar cómo sería la vida allí hace décadas.


ANCADEIRA

Continuando por el sendero,  llegamos al llamado Valle Desterrado, donde hicimos una pequeña parada para reagruparnos y tomar un tentempié. Allí pudimos leer el panel informativo del lugar, que recoge una antigua leyenda relacionada con el origen del nombre del valle:

"Cuenta la leyenda que un Señor de Santa Eulalia de los Oscos y su criado se retrasaron después de un largo día de caza y por eso llegaban tarde a la misa. Sin querer perderse la celebración, el Señor le pidió a su criado que se adelantara y le pidiese al cura que retrasara el comienzo hasta su llegada. Pero cuando el Señor llegó, vio que todo el concejo ya estaba marchando y que la liturgia se había celebrado sin él. Enfadado, ordenó a su criado que matase al párroco a cambio de mantenerlo a él con vida.

 

Sin encontrar alternativa, cometió el crimen, para darse cuenta de que poco después sería su mismo amo quien lo delataría ante el pueblo. Su condena fue la horca, pero en el momento de su final no hubo manos suficientes para alzarla y llevar a cabo la ejecución. Así que su sentencia cambió, y fue desterrado allí donde no oyera ‘carro rinchar’ (carro chirriar), ‘galo cantar’ (gallo cantar) o ‘campa soar’ (campana sonar). Y como en aquel entonces poca gente se atrevía a pasar los límites de Ancadeira, allí lo destinaron, donde vagó desterrado por el resto de sus días, dando nombre al Valle."

Tras el descanso continuamos el camino hasta llegar al objetivo principal de la jornada: la cascada de Seimeira. El sendero nos llevó hasta la parte baja de la cascada, desde donde pudimos contemplar la espectacular caída del agua.

Algunos compañeros decidieron subir un poco hasta una zona un poco más elevada para verla más de cerca y desde otra perspectiva, mientras otros prefirieron disfrutarla tranquilamente desde la parte inferior. En cualquier caso, la cascada, rodeada de vegetación y con el sonido constante del agua, resultó ser uno de los grandes atractivos de la jornada.


Después de disfrutar del lugar y hacer las correspondientes fotos, iniciamos el regreso por el mismo camino hasta el área recreativa, donde ya nos esperaba el autobús. Allí aprovechamos para cambiarnos de calzado y refrescarnos un poco antes de dirigirnos a la comida.

La comida tuvo lugar en Santalla de Oscos, donde el grupo se repartió entre dos restaurantes: Casa Diego y el Hotel Restaurante Casa Pedro. Fue un momento perfecto para relajarse, disfrutar de los potajes y alargar la sobremesa entre conversaciones, risas y algún brindis por el grupo Pisasenderos y por las muchas rutas que aún nos quedan por compartir.

Tras la comida aprovechamos para hacer la foto de grupo delante del Ayuntamiento de Santalla, y tampoco faltaron las ya clásicas fotos con la curiosa vaca motorista que hay en el aparcamiento del pueblo, y que tanto juego da a todos los visitantes del mismo.


Con el día llegando a su fin emprendimos el regreso a casa.

En definitiva, fue una ruta algo más sencilla de lo que estamos acostumbrados, sin repechos destacables, pero muy agradable. Un recorrido precioso en el que destacó el intenso verdor del paisaje, el sonido constante del río acompañándonos durante gran parte del camino y, por supuesto, la espectacular cascada de Seimeira. Todo ello con un día magnífico y una temperatura ideal para caminar.

Para ver la descripción de la ruta AQUÍ

¡Hasta la próxima aventura!

Video:

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martes, 17 de marzo de 2026

POR EL CASTAÑERU DE MONTES HASTA VILLAMORÉY

 

El pasado 28 de febrero disfrutamos de una nueva jornada de senderismo que nos regaló, además, un bonito día de sol. La excursión contó también con la agradable compañía de algunos socios nuevos, como viene siendo habitual.

La primera parada del día fue para el ya tradicional desayuno previo a comenzar ruta y esta vez fue en el polígono de Riaño. Es el momento para el primer reencuentro de la mañana, comentar la ruta que nos espera y charlar tranquilamente antes de retomar el viaje en autobús.

Después de un corto trayecto en el bus, llegamos a Rioseco, punto de inicio de nuestra caminata. Este pequeño pueblo, capital del concejo de Sobrescobio, resulta especialmente agradable, tranquilo, bien cuidado y rodeado de montañas, con el embalse muy presente en el paisaje.

Rioseco


Nada más comenzar nos enfrentamos al primer desnivel, el primer esfuerzo del día, un tramo algo pronunciado que sirvió para entrar en calor. Aunque exigente, fue superado con una sonrisa y sin problema por todo el grupo. 

Una vez arriba hicimos la primera parada para reagrupar y descansar en la Majada de Roces, un rincón precioso con varias cabañas y unas vistas impresionantes del embalse de Rioseco y de las montañas que forman parte del espectacular Parque Natural de Redes. De hecho, ese paisaje nos acompañaría durante buena parte de la ruta.


Continuamos avanzando entre los castaños del Castañeru de Castrín. Al ser invierno los árboles estaban sin hoja, lo que dejaba el bosque más abierto y permitía ver mejor el entorno. Eso sí, las lluvias de los días anteriores habían dejado algo de barro en el camino. Nada excesivo, pero suficiente para que las botas se llevaran su correspondiente recuerdo de la jornada.


Uno de los momentos más interesantes del día fue la visita al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre, donde realizamos una visita guiada muy completa. Allí pudimos conocer el trabajo que se realiza para recuperar animales heridos o en dificultades.

Nos explicaron que algunos de los ejemplares que allí se encuentran no pueden volver a vivir en libertad, por lo que permanecen en el centro. Otros, en cambio, están en proceso de recuperación y no se pueden ver para evitar el contacto con las personas.

Además de observar algunos animales, también pudimos recorrer las vitrinas con cráneos de distintas especies, ver vídeos y paneles explicativos sobre la fauna de la zona y aprender cómo se lleva a cabo su recuperación. Fue una visita muy didáctica e interesante.




Retomamos la caminata atravesando otro bosque, esta vez el Castañeru de Montes. En este tramo el camino discurría en ligero descenso, por lo que hubo que caminar con algo de precaución. El terreno estaba más húmedo y resbaladizo debido a las lluvias recientes, y el barro volvía a aparecer en algunos puntos del sendero.

Durante el recorrido también nos encontramos con las ruinas de la Iglesia de Santa María la Real de Oviñana, un lugar cargado de historia. Este templo fue fundado a comienzos del siglo XV y posteriormente reconstruido en el siglo XVI. Durante siglos fue la iglesia de la zona, pero hoy solo quedan algunos restos, ya que el edificio fue destruido durante la revolución obrera en los años 30.

Ruinas de Santa María la Real de Oviñana

Ya cerca del pueblo de La Polina, caminamos un pequeño tramo por carretera hasta llegar a Villamoréy (Sobrescobio), un pueblo bonito y con un detalle curioso que no pasó desapercibido: en muchas de las casas había macetas hechas con neumáticos reciclados, un toque original que llamó bastante la atención.

La Polina

Villamorey

Desde allí comenzamos la subida hacia el mirador de Cuyacerra, superando otro pequeño repechín, corto pero intenso. El esfuerzo mereció la pena. Al llegar nos encontramos con una panorámica espectacular del embalse de Rioseco y de los pueblos de Rioseco y Campiellos.

Aprovechamos el lugar para descansar un rato, disfrutar de las vistas, hacer bastantes fotos… y por supuesto la foto de grupo.


Desde el mirador también pudimos divisar a lo lejos el Torreón de Villamorey, hoy  también en ruinas. Este torreón es el resto de una antigua fortificación medieval, que vigilaba el acceso al valle de Sobrescobio desde la zona de Laviana. Su ubicación estratégica explica la importancia defensiva que tuvo en su momento. 

Ruinas Torreón de Villamorey

Aunque nos hubiera gustado acercarnos, las condiciones del terreno no ofrecían la suficiente seguridad, así que nos conformamos con contemplarlo desde la distancia.


De regreso a Villamoréi teníamos previsto comer en el parque del pueblo, pero finalmente cambiamos de plan. Gracias a unas gestiones de nuestro presidente con los responsables del camping, nos permitieron utilizar sus instalaciones a cambio de consumir allí la bebida.

                                  

Y la verdad es que fue un acierto. Comimos muy a gusto, unos en el interior de la cafetería, otros en la terraza, disfrutando del sol que ya empezaba a calentar. No faltó el cafetín de después de comer ni, por supuesto, las ya tradicionales pastas de Celia, que nunca fallan.

Con las pilas cargadas, ya solo nos quedaba recorrer un pequeño tramo de carretera para regresar al punto de inicio en Rioseco. Allí nos cambiamos de botas, nos refrescamos un poco y volvimos a subir al autobús.

Antes de regresar a casa hicimos la parada final para el refrigerio de fin de ruta en Pola de Laviana, donde comentamos tranquilamente la jornada.

En definitiva, una excursión muy completa: preciosos paisajes, un poco de historia, algo de barro, que siempre da carácter a la ruta, y un día de sol que nos acompañó de principio a fin. 

Una vez más el Parque Natural de Redes no ha defraudado.

Para ver la descripción de la ruta AQUÍ

¡Hasta la próxima aventura!

Video:




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