Esta vez tocaba ruta por Somiedo, saliendo desde La Peral y con la idea de poder ver varias lagunas de alta montaña en un recorrido de ida y vuelta por el mismo camino. Un día metidos de lleno en ese paisaje tan característico de la zona: verde por todas partes, primavera en estado puro y algunos neveros que todavía aguantaban.
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| LA PERAL |
Hicimos parada para desayunar en Cornellana, momento de coincidir con los compañeros y comentar cómo venía el día antes de seguir puesto que todavía quedaba un buen tramo de bus. Cruzando el Puerto de Somiedo ya empezaron a asomar las primeras vistas, que nos hicieron mirar por la ventana sin perder detalle e ir anticipando lo que estaba por venir.
Llegamos a La Peral y, nada más bajar del bus, surgió el “avistamiento”: juraríamos haber visto un oso con su cría en la ladera. Alguien señaló dos puntitos negros que se movían, uno más grande y otro más pequeño. Nos quedamos mirando, dudando, dándole vueltas, intentando confirmar… pero al final nos fuimos sin saber si realmente estaban allí. ¿Realidad o ganas acumuladas? Nunca lo sabremos, pero la ilusión de pensar que empezábamos la caminata viendo osos y sin más equipo que las ganas, desde luego que no faltó.

Con eso arrancamos la ruta, y desde el principio el entorno acompañaba: neveros todavía aguantando, la primavera muy presente, con piorno, brezo y los abedules repartidos por toda la zona. El camino de ida venía en subida constante, de las que te hacen entrar en calor desde el principio e ir despojándote de capas de ropa, pero el grupo fue a buen ritmo y sin problema. Una vez más demostrando el estupendo estado de forma en el que están todos.
La primera parada fue en un abrevadero que encontramos en el camino, buen sitio para reagrupar, picar algo y descansar un poco tras el repechín superado. Entre risas y comentarios apareció hasta un mazo para abrir nueces. Este grupo siempre preparado para todo, no nos falta detalle. En esas mochilas de ataque aparecen artilugios de lo más inesperado. Aprovechando el paisaje tipicamente somedano que podíamos ver desde allí, con las montañas alrededor y algunas cumbres todavía con restos de nieve, decidimos hacer también la foto de grupo antes de continuar, que todavía quedaba un tramo por delante.
Al poco de retomar la caminata, empezaron a aparecer las lagunas. No todas tenían agua, pero las que sí tenían pudimos contemplarlas, fotografiarlas y bordearlas mientras continuábamos nuestro camino. Tenían un aire muy especial, muy bucólico; encontrárnoslas así, de repente, fue algo muy sorprendente y agradable. Entre unas y otras tocó atravesar una zona de brezo bastante cerrada, con el sendero casi tapado, avanzando como se podía, apartando ramas, intentando no perder de vista al compañero más próximo y buscando por dónde pasar hasta salir de nuevo a terreno más abierto.
En el entorno de la última laguna paramos a comer, sentados en el suelo, pendientes del cielo, que iba cambiando por momentos, y también de no llevarnos ninguna garrapata de recuerdo. Fue una parada rápida y enseguida nos pusimos en marcha de nuevo porque amenzaba lluvia. Iniciamos la vuelta por el mismo camino de ida, ya en descenso y repitiendo el paso por el brezo, que volvió a exigir un poco de paciencia.
Al llegar al pueblo la idea era clara, acercarnos al Mirador del Príncipe, pero justo antes apareció una terraza en el sitio justo imposible de ser ignorada, por lo tanto, lo que pasó después fue fácil de adivinar: los primeros en llegar se acomodaron, y el resto fuimos cayendo uno a uno según íbamos apareciendo, sin demasiada resistencia. Entre la cerveza, los pinchos y unos dulces que eran del estilo de "las orejas" típicas del carnaval, nos encontrábamos tan a gusto que casi olvidamos que nos faltaba la parada imprescindible en el mirador.
Después de este parón tan bien aprovechado, ya sí nos acercamos al mirador. Un lugar en el que hay que parar, mirar alrededor y disfrutar con calma del momento y de las vistas porque son espectaculares.. En este mirador, es habitual ver personas equipadas con prismáticos u otros dispositivos de observación intentando avistar osos. En nuestro caso el único que encontramos fue una pequeña figura en una casa del pueblo. Habrá que seguir intentándolo.
Una vez ya cumplidos todos nuestros objetivo del día -caminata, lagunas y mirador-, regresamos al punto de inicio, con el bus esperándonos en el mismo sitio donde por la mañana habíamos estado mirando la ladera creyendo ver oso y osito y por supuesto... volvió el tema. Miradas hacia arriba, búsqueda rápida y ni rastro de aquellos dos puntitos negros. Habían desaparecido. Así que al final, igual nuestros "avistadores oficiales" no iban tan desencaminados.
Al final pasamos el día entre caminata, risas, alguna que otra batalla con el brezo y mucho tiempo disfrutando de las maravillas de este precioso concejo, que nunca defrauda.
Osos no vimos… o al menos no podemos demostrarlo. 🐻🐻
¡Hasta la próxima aventura!
Para ver la descripción de la ruta que seguimos: AQUÍ
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