domingo, 7 de junio de 2026

EN BUSCA DEL NACIMIENTO DEL EBRO



El pasado 16 de mayo nos tocó poner rumbo hacia Cantabria para realizar la ruta circular por los alrededores de Fontibre y conocer de cerca el nacimiento del río Ebro. Después de toda una semana pendiente del tiempo y viendo llover prácticamente todos los días, parecía difícil que fuésemos a librar, pero al final tuvimos suerte y pudimos hacer la caminata sin problemas.

La mañana comenzó temprano con salida desde los puntos habituales y viaje hacia la comunidad vecina. Como solemos hacer cuando vamos por aquella zona, paramos a desayunar en La Franca antes de continuar camino. La ruta hasta Fontibre se hizo algo más larga de lo habitual y tardamos casi dos horas en llegar, pero el viaje mereció totalmente la pena.

Nada más bajar del autobús ya se veía que el paisaje estaba espectacular. Todo muy verde después de tantos días de lluvia, las montañas al fondo todavía con algo de nieve y un ambiente perfecto para caminar. Eso sí, el barro apareció pronto y nos acompañó en bastantes tramos del recorrido. Era algo que ya esperábamos después del tiempo que había hecho durante toda la semana, así que en más de una ocasión tuvimos que poner a prueba nuestro equilibrio para no terminar estampados en mitad del camino.


La ruta resultó ser muy sencilla y llevadera, un paseo para caminar tranquilamente disfrutando del entorno. Después de  un rato hicimos la primera parada para tomar el pincho en el área recreativa junto a la Ermita de Cagigales, un sitio perfecto para descansar un poco antes de continuar.

                           




Ermita de Cagigales

Seguimos avanzando por pistas y senderos muy cómodos hasta llegar a una zona desde la que teníamos unas vistas preciosas del entorno, el alto de Cepelludo (968 m.). Allí aprovechamos para hacer una de las fotos de grupo del día antes de entrar en una zona de bosque muy bonita y seguramente uno de los tramos más agradables de toda la ruta.

Refugio de Cepelludo

        


En medio de aquel tramo apareció también el único repechín de la jornada, aunque se subió sin demasiada dificultad y sin necesidad de grandes esfuerzos. Poco después llegamos a una majada amplia y abierta, La Guariza, donde nos recibieron varias vacas cántabras, bien plantadas y muy fotogénicas que, por la tranquilidad con la que posaban, daban la sensación de estar más que acostumbradas a recibir visitantes. En esta parada también aprovechamos para dejar constancia de nuestro paso con otra foto de grupo.

                         


Tras este corto parón, poco a poco fuimos acercándonos al objetivo principal del día: la Fuentona, el manantial donde tradicionalmente se sitúa el nacimiento del río Ebro.

El entorno es realmente bonito y allí nos paramos un buen rato a disfrutar de la tranquilidad del lugar y del sonido constante del agua. Sobre el manantial puede verse una pequeña imagen de la Virgen del Pilar colocada sobre un monolito. Según pudimos saber, fue instalada en 1918 como homenaje al vínculo tradicional del río Ebro con Zaragoza.

          

También nos detuvimos a leer la placa situada junto al nacimiento, en la que se hace referencia a Marco Porcio Catón y se explica que en su obra Orígenes aparece la que está considerada como la primera referencia histórica a Cantabria.

Después de pasar allí un buen rato y sacar todas las fotos necesarias, apenas tuvimos que movernos para llegar al área recreativa, que se encuentra justo al lado de la Fuentona. Allí aprovechamos para comer tranquilamente, todavía rodeados del espectacular entorno que acabábamos de disfrutar junto al nacimiento del Ebro.

Con la comida ya despachada, todavía quedaba tiempo para un cafetín  en el bar que hay junto al Centro de Interpretación del Río Ebro. Y, por supuesto, también entramos al centro, divididos en dos grupos, donde nos explicaron con mucho detalle toda la historia del nacimiento del río, su importancia natural y cultural, además de curiosidades sobre el entorno y la evolución del paisaje de la zona. Una visita muy interesante que ayudó todavía más a valorar el lugar que acabábamos de recorrer.

Con la visita terminada, regresamos de nuevo al autobús para iniciar la vuelta hacia Asturias. Pero antes todavía quedaba la parada habitual para el refrigerio fin de ruta, esta vez en Unquera, donde más de uno aprovechó para llevarse corbatas, palmeras gigantes, sobaos y alguna que otra provisión extra para casa.

Y así terminamos una jornada muy bonita y agradable, disfrutando de una ruta sencilla y de un entorno que merece mucho la pena conocer.

Video:

              

Hasta la próxima aventura!

Para ver la descripción de la ruta que seguimos: AQUÍ

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