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| Embalse de Casares |
El sábado nos tocó madrugar para poner rumbo a Geras de Gordón, en la provincia de León, donde nos esperaba la Ruta de la Cuencha. Como es habitual, fuimos recogiendo a los caminantes en Quintueles y Gijón y, antes de empezar ruta, hicimos la parada de rigor, esta vez en Ezequiel (Villamanín), para desayunar. Poco se puede añadir de un sitio que ya conocemos bien: los desayunos son abundantes y nadie salió de allí con hambre, así que llegamos al inicio de la ruta con energía de sobra.
El autobús tuvo que quedarse a las afueras del pueblo porque acceder hasta el centro con un vehículo tan grande no resulta sencillo. Desde allí caminamos unos minutos por la carretera hasta el comienzo de la ruta. Justo antes de empezar encontramos una fuente que vino de maravilla para rellenar las cantimploras, ya que la previsión era de una mañana bastante soleada y convenía salir con toda el agua posible.
Los primeros metros discurren entre vegetación bastante cerrada, donde en algunos tramos toca apartar ramas y arbustos para seguir el sendero. Mientras tanto, el río Casares nos acompaña siempre muy cerca. Poco a poco el camino se va abriendo y aparece un sendero muy bonito, rodeado de verde y flores. El río seguía sonando muy cerca y aquello era una gozada para empezar la ruta.
Al cabo de un rato llegamos al embalse de Casares, seguramente el lugar más llamativo de toda la ruta. Lo encontramos con bastante agua y rodeado por las montañas de la zona, entre ellas las Tres Marías. En esta ocasión no pudimos disfrutar del reflejo de las montañas sobre el embalse como sí ocurrió cuando hicimos la ruta de reconocimiento, pero el lugar seguía teniendo una imagen espectacular. Aprovechamos para hacer allí la primera foto de grupo antes de continuar.
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En Cubillas llegó también el momento de dividir el grupo. Algunos compañeros decidieron regresar hasta Geras por el mismo camino de ida, mientras el resto continuamos con el recorrido circular.
A partir de ahí comenzaba el "repechín" de la jornada. No era un sendero técnicamente complicado, pero sí mantenía una pendiente constante durante algo más de una hora. El calor hizo que el ascenso se hiciera un poco más exigente y por eso fuimos haciendo pequeñas paradas para beber agua y recuperar el aliento. De vez en cuando corría una brisa que se agradecía mucho y ayudaba a seguir adelante.
Según íbamos ganando altura, las vistas iban cambiando. El embalse de Casares, el valle de Arbás y las montañas de alrededor quedaban cada vez más lejos y permitían hacerse una buena idea del recorrido que llevábamos. Incluso podíamos distinguir a los compañeros que habían regresado por la pista, formando una larga fila naranja vista desde arriba.
La subida transcurre entre brezos y piornos que, cuando hicimos la previa, estaban completamente en flor. En esta ocasión ya habían perdido ese colorido, así que el paisaje era algo diferente, aunque seguía siendo muy bonito.
Finalmente alcanzamos el collado de Las Lomas, el punto más alto de la ruta, situado a 1.561 metros. Allí esperamos unos minutos a que llegara todo el grupo, descansamos un poco y emprendimos el descenso.
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| Alto Las Lomas (1.561 m.) |
La bajada atraviesa varias majadas muy verdes y bien conservadas. En algún punto encontramos restos de animales, seguramente aprovechados ya por buitres u otros carroñeros, una imagen que siempre llama la atención cuando uno está caminando por la montaña.
A la hora de comer buscamos la poca sombra que ofrecían unos arbustos junto al camino, ya que por esa zona apenas había árboles grandes. No era el sitio más cómodo, pero se estaba bastante mejor que al sol, así que allí hicimos la parada antes de afrontar el último tramo.
Después de comer continuamos por una pista de tierra en descenso, donde únicamente había que bajar con un poco de cuidado para no resbalar. El resto del descenso transcurrió sin ninguna incidencia hasta llegar de nuevo a Geras de Gordón.
La fuente que habíamos encontrado al comienzo de la mañana volvió a convertirse en una parada obligatoria. A esas alturas algunos ya habían terminado el agua que llevaban, así que tocó beber, refrescarse y llenar de nuevo las cantimploras antes de recorrer el último tramo por carretera.
Desde allí solo quedaba volver hasta el autobús, cambiarnos de ropa y poner rumbo a Mieres para tomar el refrigerio de fin de ruta. Después de un día de bastante calor y de unos cuantos kilómetros recorridos, ese último rato de relax en una terracita, también se agradeció antes de regresar cada uno a casa.
¡Hasta la próxima aventura!
Para ver la descripción de la ruta e itinerario que seguimos: AQUÍ











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Una bonita ruta, aunque pasamos un poco de calor disfrutamos de un dia estupendo. El encuentro con los caballor fue una maravilla. Viva pisasenderos.😃
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